Hannah Arendt, Qué es política, Paidós, Barcelona, 1997, trad. Rosa Sala Carbó, pp.79-80).

 “[...] Aquí de lo que se trata más bien es de darse cuenta de que nadie comprende adecuadamente

por sí mismo y sin sus iguales lo que es objetivo en su plena realidad, porque se le muestra y

manifiesta siempre en una perspectiva que se ajusta a su posición en el mundo y le es inherente.

Sólo puede ver y experimentar el mundo tal como éste es «realmente» al entenderlo como algo

que es común a muchos, que yace entre ellos, que los separa y los une, que se muestra distinto

a cada uno de ellos y que, por este motivo, únicamente es comprensible en la medida en que

muchos, hablando entre sí sobre él, intercambian sus perspectivas. Solamente en la libertad del

conversar surge en su objetividad visible desde todos lados el mundo del que se habla. Vivir en

un mundo real y hablar sobre él con otros son en el fondo lo mismo, y a los griegos la vida privada

les parecía «idiota», porque le faltaba esta diversidad del hablar sobre algo y, consiguientemente,

la experiencia de cómo van verdaderamente las cosas en el mundo.

Ahora bien, esta libertad de movimiento sea la de ejercer la libertad y comenzar algo nuevo e

inaudito, sea la libertad de hablar con muchos y así darse cuenta de que el mundo es la totalidad

de estos muchos, no era ni es de ninguna manera el fin de la política, aquello que podría

conseguirse por medios políticos; es más bien el contenido auténtico y el sentido de lo político

mismo. En este sentido, política y libertad son idénticas y donde no hay esta última, tampoco hay

espacio propiamente político. Por otro lado, los medios con que se funda este espacio político y

se protege su existencia no son siempre ni necesariamente medios políticos. Así, los griegos, por

ejemplo, no consideran a estos medios que conforman y mantienen el espacio político actividades

políticas legítimas ni admiten que sean ningún tipo de acción que pertenezca esencialmente

a la polis. Pensaban que, para la fundación de una polis, era necesario en primer lugar un acto

legislativo, pero el legislador en cuestión no era ningún miembro de la polis y lo que hacía no era

de ningún modo “político”.

Además, pensaban que en el trato con otros estados la polis ya no debía comportarse políticamente,

sino que podía utilizar la violencia, fuera porque su subsistencia estuviera amenazada

por el poder de otras comunidades, fuera porque ella misma quisiese someter a otros. En otras

palabras, lo que hoy llamamos política exterior no era para los griegos política en sentido propio.

Más tarde volveremos sobre ello. Aquí lo importante para nosotros es que entendamos la

libertad misma como algo político y no como el fin supremo de los medios políticos, y que comprendamos

que coacción y violencia eran ciertamente medios para proteger o fundar o ampliar

el espacio político, pero como tales no eran precisamente políticos ellos mismos. Se trata de

fenómenos que pertenecen sólo marginalmente a lo político”. (Hannah Arendt, Qué es política,

Paidós, Barcelona, 1997, trad. Rosa Sala Carbó, pp.79-80).

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